Naismith, te subestimaste

Por Jorge Moral Pombo. 17 de Octubre de 2016

Jorge Moral Pombo es un joven que tras disputar 3 ediciones de la Copa Colegial como jugador, esta temporada vivirá su segunda experiencia como primer entrenador de jóvenes jugadoras, tras un primer año como ayudante. En este escrito nos demuestra una gran sensibilidad al hablar del deporte que tanto ama y que tanto le ha enseñado desde que hace ya casi una década se acercara a él por primera vez.

Naismith, te subestimaste

Cuando al profesor Naismith le preguntaron acerca de cómo se produjo la invención de este deporte al que llamamos baloncesto, respondió de manera escueta afirmando que “no fue un accidente. Fue desarrollado para responder a una necesidad.” Resultaría casi sacrílego decir que el viejo James estaba equivocado, pero sus palabras pueden ser matizadas. Cuando hizo estas declaraciones, la necesidad a la que hacía referencia era sencillamente el hecho de que, durante los meses de invierno en la Universidad de Springfield, resultaba imposible para los estudiantes practicar algún deporte que no les pareciera mortalmente aburrido encerrados en un gimnasio debido a las inclemencias meteorológicas. Personalmente pienso que si nuestro querido profe de educación física levantase la cabeza y viese qué dimensiones ha adquirido su creación entendería en cuestión de segundos que las necesidades que logró satisfacer van mucho más allá del entretenimiento de un grupo de estudiantes de Massachusetts. Se han escrito muchas columnas y artículos infinitamente más interesantes que éste sobre los valores que representa el deporte y, en particular, el que nos ocupa en este texto. Trabajo en equipo, compañerismo, generosidad, respeto… la lista es francamente extensa; pero hay algo más. El baloncesto es algo tan exorbitante que, aparte de ser el paradigma perfecto de lo que representan estas ideas abstractas, es capaz de dar al joven que se aventure a practicarlo una serie de herramientas que a ciencia cierta le serán de utilidad a lo largo de su vida.

Así, si acudieses a un club cualquiera a la hora en la que los jugadores salen de entrenar y les preguntases qué piensan que les ha podido aportar el baloncesto en su vida, pasaría un rato hasta que dos personas respondiesen algo similar. Estas herramientas partirán de los valores de los que hemos hablado antes, pero serán cuestiones mucho más concretas y por tanto, aplicables de manera directa en nuestra vida. Un ejemplo de esto es el hecho de que el primer contacto (probablemente durante la infancia, incluso) de las afortunadas personas que hayan sido basquetbolistas con situaciones en las que hayan tenido que emplearse físicamente a fondo, descubriendo qué es eso a lo que los adultos llaman “capacidad de sacrificio”, es muy probable que se haya producido dentro de las líneas de banda y de fondo que delimitan el perímetro de la cancha de baloncesto. El segundo encontronazo con una tesitura similar me atrevería a decir que para muchos habrá estado relacionado con los estudios y con algún que otro examen que requería dar el ciento por ciento para ser aprobado.

Aunque duela reconocerlo, por mucho que nos esforcemos, el fracaso es algo con lo que nos toparemos una y otra vez en nuestra vida, te dediques al deporte de la canasta o no. Sobre cómo se debe gestionar, escribía Pau Gasol en una columna publicada en El País el pasado mes de Junio que “tras años en lo alto del baloncesto internacional, creo haber aprendido a gestionar mejor el triunfo y el fracaso. Tanto en el deporte de élite como en las distintas facetas de la vida, las personas que más gloria consiguen son aquellas que interpretan los fracasos como oportunidades de aprender y de reinventarse, de levantarse y volverlo a intentar.”. Estas palabras de Pau ilustran a la perfección otro ejemplo más de cómo mediante el baloncesto se desarrollan habilidades y actitudes que se pueden emplear fuera del mismo.

En conclusión, ciento quince años después de que se disputase el primer partido de “baloncesto” la situación es bien distinta. Si hoy en día el baloncesto existe y tiene el éxito que tiene no se debe a que pueda jugarse en recintos cerrados precisamente. El baloncesto puede y debe ser la herramienta fundamental de la que nos valgamos todos aquellos que formamos parte de este mundillo (seamos entrenadores, padres, jugadores o árbitros) para, de alguna manera, poner en el acento en una serie de principios, de ideas que muchas veces a lo largo del día a día dejamos apartadas; sólo así podremos demostrar al viejo Naismith lo cortas que se quedaron sus palabras.

 

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